martes, 26 de junio de 2012

ARTE EN LA NATURALEZA. La conjunción perfecta.


     A menudo ocurre que queremos abarcar más de lo que podemos. Un proyecto tiene que comenzar con ilusión, de esto ando sobrado, el problema puede aparecer cuando ese proyecto no goza de otros elementos imprescindibles para su materialización: el tiempo y la dedicación.  En ocasiones la vida nos hace establecer prioridades y durante casi dos meses he tenido que dejar algo de lado mis amadas notas desde el mar salado. Hoy, de nuevo, inspirado por la brisa marina que entra por la ventana comenzaré de nuevo, casi como si fuese el principio, volvemos a hablar de arte.   El final de este parón creativo  viene recompensado con un nuevo homenaje, en este caso a la conjunción entre arte y naturaleza.

Peine de los vientos. Eduardo Chillida. San Sebastián.

      Existen numerosas iniciativas, tanto públicas como privadas, que concentran sus esfuerzos en ofrecer un diálogo respetuoso con el medio ambiente, una difusión de la cultura moderna y contemporánea, intentado, a su vez, acercar al público a la contemplación y comprensión del arte desde un ángulo diferente del que, por lo usual, está acostumbrado a experimentar en las salas de exposiciones de los museos.

    Mirar esculturas integradas en la naturaleza puede resultar una experiencia sorprendente, y además, siempre distinta, dependiendo de cómo los artistas hayan concebido las obras y el tipo de diálogo entablado con el lugar. Algunas serán de carácter más íntimo, otras más visuales, monumentales, otras jugarán con los elementos ya pre-existentes del paisaje como sonidos, olores, clima o luz.


Mozart's Birthday, 1989. Mark di Suvero. Storm King. Nueva York.
                                               

     En otros casos, las piezas se mimetizarán con el entorno obligando al espectador a percibir la creación de otra forma, fijándose en pequeños detalles, percibiendo el ambiente de forma más intensa.

     El “objeto” final es el que nos queda, lo que el observador puede contemplar y apreciar. Pero el proceso de meditación del artista en relación al emplazamiento es también una parte importante para el significado final de una instalación site-specific.

     El binomio arte y naturaleza se hace cada vez más inseparable, adquiriendo una fuerza tal que, incluso no podríamos concebir un determinado terreno silvestre o ajardinado sin alguna de las esculturas situadas en él.

Podemos recorrer parajes sorpresivos, lugares remotos en busca de la creación artística más intensa, conocer las obras de artistas conocidos y otros que se nos revelarán, hallaremos que la mayor riqueza radica en el respeto y la tolerancia bajo un interés común por la naturaleza y la cultura.




Paco Linares